lunes, 8 de agosto de 2011

miércoles, 20 de junio de 2007

Desecho humano.


Sentirse tan humano al filo de la medianoche

Es como pararse de puntillas frente a un gran vacío.

El hombre esta hecho de un montón de escombros,

Ordenados, bien apilados para constituir una morbosa escultura,

Somos siniestros, los seres humanos, desparramándose como un grito sobre el universo

Quieres estar solo?

Un perro menea la cola, una señora le acaricia la cabeza y luego le lanza un trozo de pan. Al siguiente día ella no recordara al animal (No)

No te sería mejor tener a alguien a tu lado? ¿Te gustaría tener un poco de compañía?

A nadie le agrada tener que vérsela con el vacío y no tener un lugar donde caer muerto (Claro que sí, porque no)

Significa que quieres estar solo, que no quieres a nadie a tu lado?

Esa persona debería estar acostumbrada a cargar heridos (No me has entendido, no quiero estar solo)

Bien… Anoche quise hablar contigo pero…

Mucha gente quizás?

No, como tú dijiste, no eras realmente tú.

Tienes razón (Ahora te irás, viene al caso, cuestión de estadística)

Bueno ya no importa, no era nada relevante, de hecho, no me importa lo que hagas con tu vida.

Se me escapa un ladrido)

Eres un pendejo gruñón y malagradecido

Un precioso templo se cae a pedazos,

Un bosque de robles se incendia en medio de la noche

Y la piel colorida de un hombre se destiñe sobre un escenario en medio de un show mediocre y dramático,

Al color le sigue la carne, luego se añaden las vísceras

y sobre el suelo comienza a crecer una montaña de desechos humanos.

Sobre la silla se haya sentado un esqueleto, bebiendo un vaso de vodka, manchando la alfombra del recinto con un poco de alcohol.

lunes, 18 de junio de 2007



Susurros retumban a lo lejos de una voz contundentemente femenina...

Grita desesperada el agua

Yaciendo en el lecho de muerte hogar de la gente...

Una canción perturba oídos para opacar el grito de auxilio...

Terremotos marchan rodeando mis sesos.

Tosen pechos amargados

En tarros de basura .

Luz, luz donde es que va y viene la creadora de la oscuridad

Quizás arranca de motores y maquinas esclavas de la vida...

El mundo habla y no lo entiendo.

La ira embiste contra mi y profana la bestia denominada vida.

Ruidos repulsivos asustan los latidos de mi corazón

Tic, tac, tic, tac.

Grita conmigo al compás del dolor.

Voces desconocidas se abren para observar.

Ajeno de histeria me lanzo por mi ventana dándome cuenta

(cuando mi cabeza deja de hacer tic, tac) que loco a de estar...

Víctor Miranda.

viernes, 15 de junio de 2007

Hambriento de vida.


Hambriento de vida.

Era un muerto de hambre, de bolsillos descocidos y mangas deshilachadas. Portaba una camisa que en un tiempo lejano fue blanca y nivea, ahora estaba manchada de vino tinto y los restos de la resaca, que noche tras noche lo ausentaba de este mundo.

Le tiran monedas, sí, una que otra van callendo en hileras dentro del vaso plástico; él las recibe y agradece asintiendo con la cabeza, pues el cáncer bucal, producido por el vino y el aguardiente le impide articular palabras con normalidad.

Se levanta a cuestas de la escalinata y se aferra con los ojos vidriosos a su muleta. Así camina, camina por las calles santiaguinas observando los rostros que por piedad le quitan la mirada y bocas que por piedad gesticulan muecas torcidas. ¿Por piedad?

Dobla en la esquina y se mete por un viejo callejón sin salida, lo espera el bar, el mismo bar de todas las noches, el bar que le humedece su garganta herida y sangrante. Allí toma vaso tras vaso.

Era un muerto de hambre; pero no del hambre que rige a los estómagos, pues, desde antes de su condición callejera lo fue. Era un muerto de hambre y sed de vida que por la piedad de las gentes, ahora maldito, ahora indigente y malherido, bebe y bebe, duerme y duerme, en las calles y en el bar.

POR RON ESPONJA